Imponer la sensatez

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Por Melquiades  Valencia
Decía el político y escritor irlandés  Edmun Burke“El pueblo no renuncia nunca a sus libertades sino bajo el engaño de una ilusión”.

Efectivamente; los pueblos ponen en juego, muchas veces, sus conquistas logradas con sudor , sangre y lágrimas por ir tras quimeras superiores, vendidas o sugeridas por hombres y mujeres que buscan el poder político para sus propios fines o sectoriales y la historia está llena de ejemplos.

No es nuevo, ni es la primera, no será la última vez en la que los trabajadores más humildes de la nación panameña, en esta ocasión los trabajadores de los bananales de Boca del Toro, son los que han tenido que poner su cuota de sangre para llamar la atención  al gobierno turno de que algo no está bien el país.

Les aseguro que esta fiebre, el estado de enervación y el estallido social de la que hemos sido testigos en las filas de los humildes trabajadores de Bocas del Toro se vino cultivando durante meses, advertido por periodistas, dirigentes de obreros  y algunas políticos genuinamente preocupados con la suerte del país, pero no fueron escuchados y en el peor de los casos menospreciada, por el simple hecho de que son trabajadores descalzos o indígenas. 

Desde el inicio de la gestión del actual gobierno toda la sociedad, en especial  los periodistas, le ha estado sugiriendo a sus dignatarios la necesidad del dialogo abierto, simple, mesurado, respetuoso, hacia la gente que les dio el voto para la conducción del país, le sugerimos evitar la discriminación y la segregación. Dejar las oscuras listas negras de periodistas y políticos, avenirse a la conversa, al dialogo, necesarios  ante la actitud prepotente, altanera y abusiva de los nuevos funcionarios. ¿Cómo le hacemos entender que se deben a la población, al ciudadano, al estudiante, al obrero, al campesino, que sin ellos no tienen país que gobernar?

 El gobierno que sea, es el gobierno de todos los panameños y se debe a ellos aunque  no sean sus corregilenarios, sus adláteres, sus afiliados, familiares y amigachos deben ser escuchados. Pero al parecer no lo han entendido. Tras cumplirse más de dos  semanas   de la huelga que realizan trabajadores del Sindicato de la Industria del Banano contra la Ley 30 ó “9 en 1” , estalló la violencia  en Almirante y Changuinola, principales poblaciones de Bocas del Toro.

 La razón y el sosiego a esta hora de la republica deben imponerse y debe partir desde el gobierno nacional. Dos víctimas fatales de esta confrontación entre los miembros del orden público y los trabajadores desde mi punto de vista son demasiados. Nunca debió fallecer nadie y registrarse  el enorme volumen de heridos con armas de fuego en manos de la policía, jamás debía darse las persecuciones policiacas a dirigentes de trabajadores, arrestos arbitrarios y abuso por parte de los miembros del orden  que creíamos habían quedado  atrás en nuestra historia política.

Las consecuencias de esta confrontación innecesaria, la paralización de labores, los destrozos a la propiedad privada y a los bienes del Estado como resultado del vandalismo, han generado ya más de 37 millones de dólares en pérdidas, sin contar las repercusiones económicas para esta región, de Bocas del Toro.

Las acciones de los trabajadores también han generado la paralización de labores de la empresa Bocas Fruit Company, del Proyecto Hidroeléctrico AES Bonjic y la de los bananeros independientes. En las empresas bananeras las pérdidas son incalculables, porque se ha dejado de entregar el producto y se han desatendido las plantaciones.

Por su lado la Confederación de Trabajadores de la República de Panamá (CTRP) aprobó  la convocatoria a una huelga general en todo el país. La CTRP es una de las nueve organizaciones que integran el Consejo Nacional de Trabajadores Organizados (Conato). “Lo hacemos para respaldar a los compañeros de Bocas del Toro y para que se derogue la ley chorizo [Ley 30]”, dijeron sus dirigentes.

Ante este panorama lleno de nubarrones, cabe llamar a la tranquilidad, tender los puentes  rotos y avenirse a discutir y escuchar  todas las partes involucradas y solventar las diferencias y llegar a acuerdos que eviten situaciones que nadie quiere. El país reclama de sus dirigentes de visión larga y de mesura para evitar más daños de los que nos hemos infligido.

 


 

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